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GEOPOLITICA Y ENERGIA EN AMERICA DEL SUR

 

La política de los recursos como herramienta de poder

 

La reciente firma de un acuerdo energético entre Brasil, Argentina, Venezuela y Bolivia, puede ser interpretada desde dos puntos de vista: político y geopolítico.  Desde ambos puntos de vista, se trata de la perspectiva de consolidación de un eje político y geopolítico que puede tener efectos durables sobre el desarrollo de las relaciones internacionales de América Latina.

Desde la perspectiva política, evidentemente que constituye una manifestación exitosa del "eje populista" que ha venido configurándose en los últimos años a partir de Hugo Chavez de Venzuela, Lula de Brasil, Kirtchner de Argentina y ahora Evo Morales de Bolivia.  Con la única diferencia que en esa alianza a cuatro, hay dos abastecedores y dos clientes consumidores.  Bolivia y Venezuela venden y Brasil y Argentina consumen y dependen.  Desde el punto de vista político, las coincidencias entre los cuatro gobiernos están asociadas tanto a la vi´sión y proyecto político que cada uno tiene para su país, como a la visión del continente en el contexto de globalización en que estan todos inmersos: frente a la globalización, este eje adopta una postura crítica y de adaptación mediante el ejercicio del poder soberano a través de los recursos y medios que cada país pueden poner en el juego de las relaciones internacionales.   A un izquierdismo prudente y de corte nacionalista dentro de la mundialización, se suma el realismo frente a la jerarquización de las hegemonías que se manifiesta hoy en el mundo y en el hemisferio  occidental.  Las naciones latinoamericanas no pueden evitar la existencia de Estados Unidos, como la potencia global cercana que intenta conservar sus posiciones de poder y dominación en la región.

El gesto de nacionalización de sus recursos energéticos por parte de Bolivia, puede ser leído como una manifestación de nacionalismo, de reafirmación de la soberanía nacional y como una legítima medida destinada a fortalecer la posición negociadora de Bolivia, en un momento de la coyuntura económica internacional en el que los precios de los recursos naturales y energéticos son herramientas políticas y de poder. 

Para un analista boliviano, su país ha ingresado en "La Era del gas", tal como el siglo XX fue la era del estaño y los siglos coloniales fueron la era de la plata: "Antes de la certificación Venezuela -que cuenta con 143 trillones de pies cúbicos en reservas de gas mezclados con líquidos- era el gigante gasífero latinoamericano, ahora Bolivia y sus 54 TCF´s de reservas de gas libre, coloca a Bolivia como principal país con gas en el Continente. En México hay 30 trillones de pies cúbicos de gas en reservas, Argentina con 26 trillones de pies cúbicos, Perú 13 trillones, Brasil ocho trillones y Chile cuatro trillones de pies cúbicos (Oil & gas Journal, enero 2002).    El hecho que Bolivia sea una potencia gasífera la reposiciona con ventaja empezando a gravitar en el concierto internacional, con peso propio.     Esas nuevas cifras confirman la necesidad de la búsqueda y apertura de nuevos mercados para el gas natural, para monetizarlas y generar ingresos de divisas tan necesarias con miras a construir infraestructura: caminos, aeropuertos, escuelas, hospitales, relanzar nuestros programas de salud y educación para formar a nuevas generaciones y elevar nuestro nivel de vida.   Actualmente, Bolivia tiene un contrato con Brasil para venderle 30 millones de metros cúbicos diarios de gas por 20 años, contrato que quedó chico con relación a la reserva que tenemos. Se busca, ahora, nuevos compradores del preciado energético –que es limpio, barato y apetecido por países industrializados- en mercados de México y Estados Unidos. Hay intenciones de compraventa de 24 millones de metros cúbicos diarios de gas entre el consorcio Pacific LNG (consorcio conformado por Maxus RepsolYPF como operador, BG Bolivia y Pan American Energy) y Sempra Energy.  En todo caso no sólo se debe pensar en exportación de gas natural licuado, sino también la generación de valor agregado al gas boliviano: una planta de conversión de gas a diesel y a energía eléctrica, reportarían mayores ingresos como valor agregado.   Lo paradójico de nuestra riqueza es que Bolivia tiene ingentes cantidades de reservas de gas, pero sólo una mínima parte de la población tiene acceso a este combustible para uso doméstico, por las pequeñas redes de gas natural en La Paz, El Alto, Potosí, Oruro, Sucre, Cochabamba y Santa Cruz, servicio que sólo cubre demandas de menos d 20 mil usuarios." (Boris Gomez U.: La era del gas en Bolivia. Sitio web: www.gestiopolis.com.  Bolivia, abril 2006.)

Escribe el serio y conservador "El Comercio" de Lima: "En un año de procesos electorales marcado por el descontento contra la economía liberal, se constituyen dos distintas alternativas para América Latina: la respetuosa socialdemocracia de Chile, Brasil o Uruguay, y la agresiva izquierda antisistema de Venezuela y Bolivia. Desde luego, la partida sigue abierta. Pieza clave en el equilibrio regional será México, cuyas reservas de petróleo estatal y cuya vecindad con EE.UU. darán al nuevo gobierno el voto dirimente entre los dos modelos rivales."  (Rocagliolo, S.: Las cartas de Evo. El Comercio, Lima, 7 mayo 2006.).  Por su parte el periódico "El Diario" de La Paz, argumentaba este mismo domingo 7 de mayo que: "...las inversiones en materia minera, tanto nacionales como extranjeras, deben aportar en lo económico y en función de fuente ocupacional, por lo que sin perder esto de mira, no se debe incurrir en extremos. Gracias a las garantías de estabilidad jurídica y social, nuestros vecinos: Perú, Chile y Argentina albergan una minería sólida, pujante y creciente que cubre satisfactoriamente los dos rubros indicados en contraste con Bolivia, pese a su naturaleza esencialmente minera." (El Diario, La Paz, 7 mayo 2006, versión Internet).

Al margen de la importancia y del impacto  que la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia ha ocasionado, ya que ha sido una noticia de repercusión mundial, originando gran interés en ámbitos políticos y empresariales, se trata ahora de esperar los resultados de las próximas negociaciones entre los representantes de las transnacionales y las autoridades nacionales. En todo caso, dado el alto apoyo con que cuenta Morales en su país, la ciudadanía boliviana apoyará todas las decisiones que sean beneficiosas para impulsar el desarrollo de su país, tan necesitado de recursos económicos para satisfacer numerosas demandas sociales.

¿Y cuál es la posición de Chile en este escenario?  ¿Podemos todavía jugar a la política autosuficiente de la "mirada olímpica" respecto de la América Latina que nos rodea, o debemos pasar al ejercicio de una diplomacia activa, política y económica que nos posicione tanto como un consumidor digno y como un productor emergente? 

 

Los recursos energéticos como mecanismo de posicionamiento en la escena internacional: elementos para un análisis geopolítico

 

La cuestión geopolítica de fondo que se abre como perspectiva en el mediano y largo plazo en América Latina es la problemática de la soberanía y la autonomía energética.  El influyente periódico brasileño "Folha de Sao Paulo" del 2 de mayo reciente, denunciaba que Brasil "estaba criando  los cuervos que le sacarían los ojos..." para referirse a las políticas nacionalistas que Chavez y Morales impulsaban, después que el Presidente Lula las había estimulado desde el inicio de su mandato.

Desde una perspectiva global, el gesto nacionalista de Morales, podría responder a una tendencia que se insinúa en muchos sectores del mundo.  Es altamente probable  que en los años venideros los consorcios energéticos globales estadounidenses y europeos se enfrentarán a crecientes dificultades para desplazarse y negociar de forma autónoma en un escenario internacional cada vez más incierto, en el que los recursos energéticos parecen sustraerse a las lógicas del mercado para ingresar en la lógica de la geopolítica y las soberanías. El próximo foco de conflicto en el escenario energético mundial puede ser nuevamente Oriente Medio, donde las grandes corporaciones ya se movían bajo la estrecha tutela y vigilancia de los respectivos Estados. En este contexto incierto, crece la percepción que los Estados Unidos han entrado en una prolongada fase de conflictos ocasionados por sus intereses energéticos y petroleros, más allá de la retórica liberadora y democrática con que tales intervenciones se adornan.  Así, la invasión de Irak y las actuales presiones sobre Irán, se motivan en realidad, en el propósito estadounidense de obtener control de los recursos energéticos por parte de Estados Unidos, por lo que de aquí en adelante se va a estrechar todavía más el margen de maniobra de las corporaciones petroleras multinacionales en esa parte del mundo.

La tendencia parece ser la de buscar mecanismos que aseguren a los Estados la propiedad sobre sus propios recursos energéticos, en un momento internacional en que esos recursos constituyen en sí mismos, herramientas geopolíticas de alto valor estratégico.   Probablemente estamos entrando como sistema-planeta, en una fase de soberanías energéticas en conflicto.

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a los conceptos de soberanía energética y de autonomía energética.  Se trata de dos nociones interrelacionadas. Soberanía energética puede entenderse como "la capacidad y la decisión política de un Estado-nación, para hacer uso de los recursos energéticos de que dispone en función prioritaria de sus propios intereses nacionales y de desarrollo".  Por cierto que solo pueden aspirar a la soberanía energética, aquellas naciones que están dotadas de recursos energéticos suficientes para intentar su desarrollo, a partir del despliegue de sus capacidades de interrelación internacional, estabilidad política y capital humano.

Desde el punto de vista estructural, la problemática del gas adquiere una evidente connotación estratégica a medida que su demanda crece en el mundo.  La producción de gas natural también ha aumentado en los últimas años hasta alcanzar el equivalente de 2.097 millones de toneladas de petróleo en 1999, procediendo el 50 por ciento de esta cantidad de la Federación de Rusa y de los Estados Unidos. El desarrollo de la producción de gas se ve limitado por la necesidad de una concentración de mercados que permita cubrir el costo elevado de la infraestructura que requiere su transporte. A diferencia del petróleo, el gas precisa de mercados seguros y los mercados distantes requieren yacimientos muy grandes. No debe perderse de vista que el gas natural se está pagando hoy en Estados Unidos un precio hasta siete veces mayor que el que se paga en la región, de manera que, existiendo la tecnología, no hay razón para pensar que los propietarios del gas no lo quieran vender al precio más alto. La propuesta del “anillo energético” -y particularmente lo que se ha dado en llamar el Gasoducto del Sur- pretende comercializar el gas de las reservas peruanas a través de una red de gasoductos ya existentes y algunos tramos a construir. Las reservas peruanas de Camisea y Pagoreni se estiman en el orden de los 11 millones de pies cúbicos. En los próximos 20 años se espera que su propio mercado interno consuma 4 de esos 11 millones y otros 5 millones sean exportados a México. De manera que poco va a ser lo que llegue a los países del cono sur, salvo que nuevas exploraciones aumenten el volumen de reservas hoy conocido.

Los datos de proyección del mercado del gas natural en América Latina son particularmente prometedores.  Por ejemplo, entre 2001 y 2002, el volumen de gas natural consumido en el mundo aumentó casi 2%, pero algunas regiones muestran índices de crecimiento más significativos --como el continente sudamericano-- donde en el mismo período el aumento del consumo alcanzó 13,9%, para un total de 98 mil millones de metros cúbicos (Bmc) en 2002.

En la última década, además, América Latina mostró un crecimiento promedio de 5,1% anual. Eso revela que los mercados energéticos de la región, en especial Argentina, Bolivia, Brasil y Chile, están entre los mercados más dinámicos en crecimiento del mercado mundial de gas natural.

El crecimiento del mercado de energía, el aumento del GN como forma de diversificación de las matrices energéticas de estos países -en los que hasta hace poco (excepto Argentina) los índices de penetración del energético estaban por debajo del promedio mundial- y las crecientes inversiones en infraestructura de transporte que dan la interconexión energética de la región justifican su dinamismo. Teniendo en cuenta todos los países de América del Sur, la participación del gas natural en la matriz energética subió de 18% en 1990 a 22% en 2000 -aunque con gran variación entre los distintos países dado su nivel de desarrollo- lo cual permite que algunos de estos mercados puedan compararse con los más maduros.

Ese aumento está relacionado directamente con la apertura a la inversión privada en varios de estos mercados, que atrajo capitales para exploración y producción, plantas de gas natural licuado (GNL) y proyectos de plantas termoeléctricas por quema de gas. En este último caso, la inserción rápida de plantas termoeléctricas para equilibrar sistemas predominantemente hídricos, en especial en Brasil, puede desempeñar un papel importante para asegurar el crecimiento y desarrollo de la industria del GN en esos países.

Aunque las inversiones recientes en infraestructura hayan propiciado la integración gasífera del Cono Sur, todavía no se consolidan totalmente una serie de requisitos para que esa integración y la expansión del mercando sean continuas. Además, hay que tener en cuenta que los porcentajes de crecimiento de los últimos años son engañosos, ya que están relacionados con una base nominal de consumo, que todavía es baja. Esto muestra que, pese a haber ganado espacio en las matrices energéticas de los países sudamericanos, la penetración del gas natural es todavía baja (con excepción de Argentina, donde representa más de 40% de la matriz energética), lo que revela una gran necesidad de crear condiciones políticas y económicas suficientes para desarrollar este mercado.

Así, para que la región confirme su dinamismo, los mercados de estos países presuponen algunas condiciones para su consolidación. Entre ellas se destacan la disponibilidad de reservas, el tamaño y la configuración del mercado consumidor, la infraestructura y el marco regulador, cuya gran contribución es emitir señales claras y estables para los inversionistas privados, pero al mismo tiempo, está abierta nuevamente la posibilidad de que los Estados puedan decidir conservar sus recursos energéticos en propiedad, arrendando las explotaciones y fijando nuevos impuestos y royalties.

En un "orden energético mundial" en que los productores de recursos y de "commodities" se encuentran en una posición privilegiada para dictar los términos de referencia del negocio a los consumidores, los productores no tienen  porqué negarse a considerar que sus recursos tienen un carácter estratégico y por lo tanto deben y pueden perfectamente tratarlos como tales.   Asistimos desde el siglo XX a un orden energético mundial asimétrico, pero a la inversa del orden estratégico mundial. 

Tenemos un orden energético mundial en que un grupo menor de países productores detentan el poder de suministrar un conjunto de recursos de alta importancia estratégica para el funcionamiento del sistema económico internacional y de las potencias económicas y tecnológicas más importantes del mundo, mientras resulta que esas mismas potencias, encabezadas por Estados Unidos y las naciones del G-8, son precisamente las potencias mundiales que dominan el orbe desde una perspectiva estratégica.  La simplicidad de una doble dualidad: unos disponen de las armas, el capital y la tecnología, pero los otros disponen de la energía que hace que esas armas, ese capital y esa tecnología funcionen. 

A su vez, la autonomía energética relativa se desprende de la noción de soberanía energética.  Solo podemos ser autónomos -relativamente puesto que estamos en un mundo que se globaliza- en la medida en que apuntamos a desarrollar una matriz energética basada prioritariamente en los propios recursos y solo subsidiariamente permitirnos depender de suministros externos.   Chile dispone de gas natural, de carbón, de energía geotérmica y mareomotriz, de energía eólica, de energía hidráulica. todo depende de las decisiones estratégicas y de largo plazo que se adopten desde el Estado para que el país avance hacia su propia autonomía energética relativa, por cierto que situados en la perspectiva del mediano y largo plazo.

 

Opciones y alternativas para el Cono Sur y la Patagonia

 

El re-diseño de la carta geopolítica del gas natural en América del Sur abre nuevas condiciones y escenarios para la región patagónica. 

El reciente mes de abril (10 y 11), los Gobiernos de Brasil y Chile firmaron un acuerdo  para integración energética e infraestructura de integración y cooperación en el área minera, constituyendo una comisión binacional de estudios regionales energéticos de manera de garantizar un suministro energético seguro y estable  para impulsar el crecimiento, la base productiva y reducir la pobreza. 

Anotemos como dato de la causa que Argentina acaba de iniciar una nueva exploración Costa Afuera en el Atlántico.  Al mismo tiempo, Argentina activa sus exploraciones por gas natural en los yacimientos de: Media Agua, Rio Desaguadero, Nacunan, San Rafael, Pampa del Tigre, General Alvear, La Mora, Las Lenas, Cerro Manzano, Sierra del Nevado, Banado del Atuel, Cuenca Neuquina I, Cuenca Neuquina II, Cuenca Neuquina III y Cuenca Neuquina.  En Tierra del Fuego argentina, la exploación gasífera está también en expansión.  El contrato del bloque CMA-1 (Cuenca Marina Argentina) fue firmado en noviembre de 1978 por las tres socias del grupo que hoy componen Total Fina Elf. Las sucesivas campañas de exploración dirigidas a estudiar la potencialidad del bloque han permitido importantes descubrimientos costa afuera. A la fecha están en producción en el complejo Cañadón Alfa-Cullen, los yacimientos Ara, Antares, Argo, Hidra, Hidra Sur y Kaus. El primer éxito del grupo fue la puesta en marcha en 1982 de Aries, ubicada a 40 km. de la costa. En abril de 1983 y como penúltimo pozo de la primera etapa de perforación costa afuera, se perforó el pozo Carina 1, gracias al cual se descubrió un importante yacimiento de gas situado a 80 km. de la costa. Hoy en 2006 ese yacimiento gasífero es uno de los objetivos fundamentales del ambicioso proyecto ya en marcha. El emprendimiento prevé la explotación de dos yacimientos costa afuera -Carina y Aries- para lo cual se construirá un complejo de gasoductos subterráneos. Su ejecución y la de las instalaciones en tierra necesarias para el procesamiento y transporte del gas implican una gigantesca inversión de 400 millones de dólares, la mitad de los cuales ya se encuentran en etapa de desarrollo. Pero el objetivo más ambicioso del grupo es la instalación de un polo petroquímico en la zona de Tierra del Fuego argentina para aprovechar al máximo las posibilidades del producido.

Argentina actualmente despliega además, como nuevas áreas de exploración energética, la cuenca del Golfo San Jorge, la llamada "Cuenca Austral-Malvinas" en el sector marítimo costa-afuera de la Tierra del Fuego argentina y en la llamada "Cuenca Colorado Marítima" situada en el borde del talud continental sudamericano. (Clarin, B.Aires, abril 2006. Versión Internet). 

En el caso de Chile el eventual valor comercial de los recursos descubiertos en Lago Mercedes, permite considerar que la región de Magallanes volvería a adquirir la importancia estratégica que tuvo para el Estado de Chile en los años cincuenta y sesenta del siglo XX.  Se trata todavía de una cuestión que está pendiente, pero lo esencial es que la región patagónica se encuentra en un contexto gasífero internacional y regional en que la explotación rentable de los yacimientos existentes en esta parte del continente americano (en el caso de Magallanes, en toda la península de Brunswick y la Tierra del Fuego) debiera posicionar a la región como un abastecedor importante para el resto de Chile.

 

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