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EL FORTALECIMIENTO DE UN EJE GEOPOLITICO ATLÁNTICO - Minuta de Análisis de Coyuntura Geopolítica

1.  La reciente incorporación de Venezuela como quinto miembro permanente del MERCOSUR, constituye un hecho de importancia geopolítica que necesitará de análisis más pormenorizados.  La inmediatez del suceso (el instrumento de adhesión fue firmado tan solo hace 24 horas en Caracas) no nos debe impedir de percibir, que estamos en presencia de un acontecimiento que podrá marcar el desarrollo de diversas tendencias geopolíticas en el futuro de América del Sur.

2.  Por lo pronto, podemos observar que con Venezuela dentro del Mercosur, se fortalece la tendencia presente y futura hacia la consolidación de lo que podríamos llamar un eje geopolítico atlántico en América del Sur: Venezuela, Brasil y Argentina como sus Estados pivotes centrales y Uruguay y Paraguay más Bolivia como sus Estados más dependientes.  El mecanismo de integración reúne ahora a más de 250 millones de habitantes, ocupa un área geográfica de 13 millones de kilómetros cuadrados y ostenta un Producto Interno Bruto de 1 billón de dólares.   El documento de adhesión de Venezuela a Mercosur, indica que a más tardar en cuatro años Venezuela deberá adoptar la "nomenclatura común" y el "arancel externo común".   Esto significa que la zona de libre comercio entre los cinco miembros del bloque entrará en vigencia entre los años 2010 y 2013, dependiendo del país. Los plazos más cortos se aplicarán a Brasil y Argentina y los más largos a Paraguay y Uruguay.  En el caso de los "productos sensibles" la zona de libre comercio se activará a partir del 2014.

3.  Este eje geopolítico atlántico tiene a lo menos dos dimensiones interdependientes: una de carácter geo-política y otra de carácter geo-económica.  La dimensión geo-política viene dada por la similitud ideológica general que parece atravesar a los actuales gobiernos de los Estados del sistema del Mercosur: una suerte de populismo social-demócrata con algunos acentos críticos a la política imperial de Estados Unidos.  Este aspecto no puede ser desconocido también, a la hora de analizar que dentro de los siguientes dos años (2006 y 2007) Brasil, Venezuela y Argentina -los Estados pivotes- renovarán a sus gobernantes, y ciertamente Lula, Kirchner y Chávez aparecen hoy como mandatarios que cuentan con relativamente altos niveles de adhesión y popularidad, por lo que si se reeligen estos tres gobernantes, la vía hacia la configuración de este eje atlántico tenderá a fortalecerse. 

A su vez, la dimensión geo-económica de este eje viene dada por el fuerte acento y la importancia crucial que adquiere en esta región del mundo la problemática energética.  Hasta el momento, los actores del sistema latinoamericano no han tendido a articularse en función de una dualidad "productores - consumidores", y precisamente la entrada de Venezuela a Mercosur, fortalece la posibilidad de que en su interior el negocio energético pueda ser resuelto por sus Estados integrantes en términos netamente más ventajosos que para aquellos Estados que no estén dentro de este consorcio.  Ahora, dentro de Mercosur estarán unidos y sentados en la misma mesa, el principal productor de petróleo del continente sudamericano (Venezuela) y el principal comprador y consumidor de petróleo de la región (Brasil).

4.  El factor boliviano introduce un elemento más en la nueva configuraciòn geopolítica que se diseña en América del Sur.  Es altamente presumible que la presencia de Chavez ahora en el foro central del Mercosur induzca la incorporación de Bolivia dentro del sistema, y el ingreso de Bolivia como miembro pleno del Mercosur generaría una apertura y expansión del eje geopolítico atlántico hacia un alicaído eje pacífico de esta región.

5.  La existencia de este eje geopolìtico altántico, pone de relieve además, la casi inexistencia de un eje geopolítico pacífico (imaginariamente constituido por Panama, Colombia, Ecuador, Peru y Chile), y deja de manifiesto que las premisas de la reflexión geopolítica desde las cuales se ha concebido la política exterior de Chile en los recientes dos gobiernos de la Concertación, se ha orientado centralmente hacia la configuración de instrumentos de libre comercio con naciones de otros continentes (Europa, Norteamérica y Asia) y ha colocado a Chile respecto de sus tres vecinos territoriales en una postura cercana al aislamiento geopolítico.  La mejor demostración de este acerto es que se ha avanzado infinitamente más en redactar y negociar tratados de libre comercio con las naciones asiáticas -satisfaciendo así las evidentes prioridades del poderoso lobby empresarial y exportador chileno- antes que en perfeccionar y profundizar los mecanismos de integración chileno-argentina o chileno-peruanas, mientras con ambos vecinos mantenemos contenciosos no resueltos (suministros de gas y fronteras marítimas).

Chile no puede vivir con los pies en el agua y con la mirada hacia el Pacífico,  mientras "a sus espaldas" se configura un poderoso esquema de integración respecto del cual apenas es un Estado asociado, pero donde arriesgaría quedar en cierto modo marginalizado si se suma Bolivia.

 

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